Atletismo de Fondo

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El libro “Correr”, biografía novelada de Emil Zátopek,

El libro “Correr” de el escritor francés Jean Echenoz.

La recreación de la leyenda Zátopek, uno de los atletas de fondo más importantes de todos los tiempos, del gesto más tenso, paso de ser campeón Olímpico a trabajar como barrendero.

Libro Correr  es  la biografía novelada de Emil Zátopek,

Libro Correr es la biografía novelada de Emil Zátopek,

La obra última de  Jean Echenoz , es uno de los escritores más prestigiosos de Francia se inscribe en esa venerable tradición de biografías noveladas, aunque tal vez en su caso sería más exacto hablar de novelas de trasfondo biográfico, que bucean en las vidas de personajes excepcionales para extraer de ellas una lección moral.

 

Echenoz se ha servido de hombres reales para convertirlos en personajes literarios, siguiendo un procedimiento que renuncia a la ficción pero no a los recursos del novelista. En Correr, ese personaje es el legendario atleta checo Emil Zátopek (1922-2000), un hombre de orígenes modestos, trabajador en una fábrica de calzados, que por un feliz azar descubrió sus aptitudes para la carrera durante la ocupación alemana y acabó asombrando al mundo con unas condiciones físicas casi sobrenaturales. “No sé nada de deportes y ni siquiera estaba seguro de que fuera checo”, ha declarado Echenoz, pero eso no le impidió investigar su trayectoria y descubrir en ella un raro modelo de ejemplaridad.

El historial deportivo de Zátopec, apodado La Locomotora humana, es impresionante. Ya enrolado en el ejército checoslovaco de la posguerra, se cuentan por decenas las sucesivas plusmarcas que batió, pero su popularidad mundial se debía también a su estilo heterodoxo y a su aspecto de buen muchacho siempre sonriente, recibido en los estadios con ovaciones atronadoras. Participó en los primeros certámenes sin apenas haber comido, luego de largas caminatas y con ropa inadecuada o vieja, pero pronto dejó claro que iba a dejar huella en la historia del atletismo. Calvo y autodidacta, fue el primer fondista que aprendió a dosificar sus fuerzas para utilizarlas en el sprint final, que dejaba a sus rivales literalmente clavados. Desoyendo los consejos de los especialistas, llegó a ganar tres medallas de oro en una sola Olimpiada, la de Helsinki, en carreras tan exigentes como los 5.000 metros, los 10.000 y la Maratón,  competencia que nunca antes había corrido  para la cual ni siquiera se había preparado, y a la que días antes lo terminó de convencer de participar su mujer, Dana Zatopkova, quien había ganado la medalla de oro en lanzamiento de jabalina, apenas unas horas después de que Emil consiguiera la suya en los 5000 metros. No parecía de este mundo. Su lealtad como deportista que lo hará merecedor de la admiración, cariño y respeto de todos sus adversarios

“Lejos de los cánones académicos y de cualquier prurito de elegancia -escribe Echenoz-, Emil avanza de manera pesada, discontinua, torturada, a intermitencias”. Todo en su rostro, en los movimientos convulsos de sus miembros, en los tics casi cómicos, refleja sufrimiento. El atleta domina las carreras con una superioridad insultante, y sus continuos cambios de ritmo desmoralizan y exasperan al resto de los competidores. Cuando corre, semeja “un boxeador luchando contra su sombra”, pero el esfuerzo sobrehumano no le impide dar saltos y brincos e incluso seguir corriendo después de finalizada la prueba. Ahora bien, la novela no se limita a contar las gestas deportivas de Zátopec. Al hilo de sus victorias, Echenoz describe con unas pocas pinceladas el problemático contexto histórico en el que se desarrolló su carrera, inseparable de la manipulación informativa y de la represión totalitaria del régimen prosoviético de Checoslovaquia. Reclamado en pruebas y certámenes de medio mundo, Emil se convirtió en un “atleta de Estado”. Las autoridades comunistas recelaban de su popularidad y temían que se fugara, como otros deportistas, durante alguna de las competiciones que se celebraban en los países occidentales. Fue así como el gran campeón, un icono nacional que rebasaba el ámbito del deporte, devino un rehén al que se le controlaban los movimientos y cuyas declaraciones a los medios, cuando se le permitía hacerlas, eran tergiversadas de manera sistemática. Ya retirado, su apoyo a los partidarios de una apertura le llevó a ser destinado como barrendero en las calles de Praga.

Acogido a la inmediatez del presente histórico y haciendo gala de una absoluta economía de medios, Echenoz despliega una prosa sobria, de frases muy breves e inusualmente precisa. No hay lugar para la grandilocuencia habitual de los cronistas deportivos. Los capítulos se suceden con un ritmo admirable, un poco al modo entrecortado del propio Zátopec. Hubo una vez un hombre sencillo que gracias a su tenacidad indesmayable se convirtió en un mito universal, sin perder la espontaneidad ni someterse del todo a la dictadura. Con estos modestos mimbres, Echenoz ha construido una pequeña obra de arte.

El escritor francés Jean Echenoz

El escritor francés Jean Echenoz

Echenoz ha apostado por contar historias de personajes famosos, haciendo literatura, transformándolas en novelas

" Emil Zátopek "La única liberación que tuvo fue correr. Correr llenó su vida"

" Emil Zátopek "La única liberación que tuvo fue correr. Correr llenó su vida"

No tengo suficiente talento para correr y sonreír a la vez”, dice el Emil Zátopek de la última novela de Jean Echenoz, que pasó de atleta de Estado e icono del bloque comunista a ser desterrado en las minas de uranio de Jáchymov y posteriormente a trabajar de barrendero En las calles de Praga, aplastada la Primavera, el espectáculo que se lee en la novela es rocambolesco: nadie acepta que Zátopek recoja la basura, por lo que él se limita a correr al lado del camión mientras los vecinos lo aplauden. La carrera contra el nazismo, el comunismo y también contra sí mismo caracterizó la historia de la llamada “locomotora humana”

Pero ¿en qué pensaba Zátopek cuando corría? Puede que en ganar, aunque ese es un asunto difícil de radiografiar incluso para uno mismo mientras se está corriendo. Hay numerosos estudios que indagan en el pensamiento del corredor, sobre todo de los maratonianos: están quienes corren leyendo sus cuerpos y quienes lo hacen pensando en la lista de la compra. Pensamientos que se parecen a las nubes del cielo, que vienen y se van. “La mente se me nubla. No consigo pensar nada coherente. Pese a todo, si le echo ganas y consigo acabar la carrera, brota en mi interior una intensa sensación de frescura y renovación, que tiene también algo de autoabandono, como si me hubiera conseguido exprimir por completo”.  El antagonismo al pensar echado: pensar moviéndose.

 Emil Zátopek, el gran corredor de fondo checoslovaco

Emil Zátopek, el gran corredor de fondo checoslovaco

Correr se ha convertido hoy en uno de los más poderosos calmantes existenciales. En un ritual sagrado, barato, ejemplar. Las ciudades se llenan de corredores de buena mañana, sorteando la acera y brincando en los semáforos, algunos ligeros en su trote, otros con muecas de auténtico sufrimiento. La carrera de fondo como metáfora universal de la vida privada alcanza ahora su literalidad. Hace unos años, apenas hablábamos del universo cardiovascular. Era un asunto de profesionales. De los Zátopek que corrían para ganar. Para el resto de los comunes el deporte en equipo se imponía entre las aficiones lúdicas y a la vez saludables, pero entonces importaba más lo primero. Hoy la gente ha aprendido a incorporar a su vida –como el lavarse los dientes– el hábito de andar o correr como máxima expresión de la nueva intimidad creada en pos de una vida sana. Para empezar, se trata de una actividad individual que recoge al individuo consigo mismo: con su respiración, su sudor, sus músculos, su música, además de proporcionar un sentimiento de ligereza cuando el reto ha concluido. Ese bienestar. Una soledad reconfortante . En segundo lugar, existe una motivación fundamental: correr para no engordar. Pero además de destruir la grasa y de propiciar el encuentro con uno mismo, la razón que explica por qué tanta gente corre no guarda tan sólo relación con el narcisismoy el solipsismo, sino también con marcarse una meta y cumplirla. Porque superarse a sí mismo sin depender de nada más que de nuestra cabeza y nuestro corazón produce un auténtico alivio.

Emil Zatopek, ganador de la medalla de oro, tres veces

Emil Zatopek, ganador de la medalla de oro, tres veces

Fuente: Lavanguardia, www.malagahoy.es, www.blogseitb.com

Marcela Pensa

Prof. de Ed. Fisica, Neurologa

Maratonista

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11 de enero de 2011 - Posted by | 42 km, atletismo, De Todo un poco, maraton, Noticias de running, protagonistas | , , , ,

1 comentario »

  1. Que hermoso es correr, cuando uno corre solo piensa en lo hermoso que es la vida. y solo escucha en su interior una voz que dice “Este es mi hijo amado” y y el sonrie.

    Comentario por Jose Sotomayor | 18 de julio de 2012 | Responder


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